PRAGA EN BLANCO Y NEGRO… y a todo color también

A diferencia de muchas de las ciudades del mundo, Praga no ha cambiado de manera significativa su aspecto con el tiempo. Es sorprendente, en efecto, constatar cómo el casco histórico ha permanecido prácticamente igual durante los dos últimos siglos

Praga, y el país checo tienen la fortuna de no estar situados en zonas sísmicas lo que descarta cualquier posibilidad de que existan destructivos terremotos, pero la ciudad misma, aunque no pareciera ha pasado por muchos avatares, desde guerras, inundaciones hasta incendios, pero ha logrado conservar su aspecto a pesar de todo esto.

Y es que parece un milagro que la capital checa se salvara de ser destruida durante la Segunda Guerra mundial (1939-1945), suerte con la que no contaron las ciudades principales de todo el gran vecindario de Europa Central que la rodea, a saber, Austria, Polonia y Alemania, que sufrieron la destrucción total de sus principales centros urbanos.

Además existe aquí una suerte de conciencia muy madura y muy consecuente en lo que respecta al valor de la conservación, restauración y cuidado de sus llamados estilos históricos, que van desde el románico, pasando por el gótico, y el renacimiento, hasta manifestaciones más recientes como el barroco, rococó y el modernismo.

Pero el tiempo no pasa en vano, y de cualquier forma es posible constatar cambios que quisiéramos ahora mostrarles, para esto es preciso sumergirnos en esa Praga del pasado, o bien, aquella que quedó retratada únicamente en blanco y negro, para compararla con la que tenemos ahora en el tiempo presente. Empecemos.

 

Esta es una fotografía tomada en “staromeska namesti”, sin duda, antes de 1918. Pongan atención en la columna mariana que luce al medio de la plaza. Se trata ésta, de una típica expresión de la cultura barroca, y les llamaban las columnas de la peste, abundantes todavía en Praga, y en muchísimos pueblos y ciudades del país donde es muy posible toparse con alguna de ellas.

Este tipo de esculturas fueron muy populares durante la primera mitad del siglo XVIII. La imagen de la virgen agradece al cielo el fin de las malarias, empero, solían levantarse estos altares públicos, tras acabar los brotes de estas mortales epidemias.

Ahora este monumento es imposible verlo hoy en la plaza, pues tras el término de la primera guerra mundial (1914-1918), con ella también se puso término a 400 años de ocupación austriaca del país, ocupación digamos muy identificada con la Iglesia Católica, que impidió a sangre y a fuego cualquier otra confesión religiosa, especialmente protestante, tras la funesta guerra de los 30 años (1618-1648). Por tanto, este símbolo mariano, representaba la opresión y la pérdida de la libertad, dentro de aquel ambiente eufórico y nacionalista que trajo consigo el nacimiento de la república checoeslovaca, y una turba de gente derrumbó el monumento.

Pero volvamos a la primera fotografía, en blanco y negro que hemos puesto. Allí podrán ver tres palacios, el de al medio se le denomina Casa de la Campana de Piedra, fíjense bien en la fachada de la construcción, y ahora comparen el estado de la casa con el actual, que nos muestra la siguiente imagen,

Mientras que el palacio rococó Goltz-Kynsky (situado a la derecha de la Casa de la campana de Piedra), permanece intacto, en cambio vean cómo luce ahora la Casa de la Campana de Piedra. Y es que, en los años 60, pleno época del comunismo, se realizaron trabajos de restauración de sus fachadas, y allí se supo que se trataba de una casa originalmente de estilo gótico, probablemente construida a finales del siglo XIII. Allí se cree que nació el monarca más grande de la historia checa, a saber; Carlos IV de Luxemburgo (1316-1379)

Pasemos ahora a otra imagen, también de la Plaza de la Ciudad Vieja, pero del lado opuesto que hemos venido analizando. El palacio del antiguo ayuntamiento de Praga, construido por orden de Juan Luxemburgo en el año 1338

De estilo gótico, está situado en pleno corazón de la ciudad, esta foto con seguridad se tomó entre 1920 y 1944, pues vemos que ya no está más la columna mariana susodicha, y es posible reconocer el monumento a Jan Huss. Pero veamos cómo luce hoy esta misma zona de la ciudad,

La diferencia es abismal, el palacio del Ayuntamiento ya no existe. Y es que ocurrió allí uno de las pocas destrucciones materiales que dejó la última guerra mundial. El 5 de mayo de 1945, ocurrió el llamado alzamiento de Praga. Por esos días la guerra terminaba en casi toda Europa, pero la capital checa seguía tomada por los nazis, y así fue que la población civil se levantó en armas contra los invasores. Un grupo de guerrilleros partisanos, entraron en el edificio del antiguo ayuntamiento y cruzaron fuego contra la Gestapo y las SS, el asunto fue que estos respondieron trayendo a la plaza piezas de artillería pesada, con las que cañonearon todo el edificio, dejándolo en estado de ruina como pueden ver a continuación

Estos incidentes, provocaron incluso la destrucción casi total del famoso reloj astronómico, símbolo de la ciudad, observen nada más cómo quedó

Tras el fin de la guerra, se decidió demoler todo lo que era el palacio del ayuntamiento, y recordar su perímetro antiguo con los árboles que fueron plantados en su lugar. Donde hubo muerte que haya vida, se dijo en ese entonces. El reloj astronómico tuvo que ser restaurado y en gran medida reconstruido casi completamente, tarea que se hizo años más tarde, durante el régimen comunista (1948-1989).

A propósito de este periodo, la segunda mitad del siglo XX, también hubo monumentos, bastante polémicos, que hoy para nosotros es imposible presenciarlos, pues han sido sacados, y solo -nos quedan las fotografías como testimonio de aquel entonces,

En el parque de verano de Praga, Letna, situado junto a la orilla norte del río Moldava, entre 1957 y 1962, existió la estatua de Josef Stalin, el líder de la Unión Soviética, más grande del mundo, pero actualmente en ese mismo sitio se halla una suerte de metrónomo, una instalación artística posterior a 1990,

Hoy Praga forma parte del listado patrimonial de la UNESCO, y por ello muchos de sus edificaciones y monumentos se hallan protegidos, uno de ellos, el símbolo de la ciudad, a saber; el puente de Carlos,

Quienes ya han visitado la ciudad recordarán que, sobre éste, solo se permite el tránsito peatonal, pero quizás no lo sepan, pero este puente hace algunas pocas décadas atrás era una calle más de Praga, por la que pasaban todo tipo de vehículos, incluyendo los tranvías, tal como se atestigua en la siguiente fotografía,

Y ya que hemos mencionado algunos símbolos de Praga, como su famoso y único reloj astronómico, y ahora recientemente su puente de piedra, sin quererlo nos ha enseñado los tranvías. Este particular sistema de transporte público ha cumplido más de 120 años. Podemos destacar de ellos no solamente su romántica belleza, sino que ante todo su eficiencia. Pero, aunque el sistema continúe operativo, no quiere decir que sigan usándose siempre las mismas máquinas, pues no, y es que en Praga es posible atestiguar el paso del tiempo en estos mismos transportes, pues aún los hay de los más viejos e histórico que contrastan completamente con los nuevos diseños. Veamos cómo este sistema se ha renovado durante el último siglo.

A falta de electricidad, caballos. Esta foto corresponde de la segunda mitad siglo XIX. Pero en 1896, circuló el primer tranvía eléctrico, he aquí un ejemplar de éste,

Y desde entonces esta historia no se ha detenido,

Nótese el detalle de la última foto, en la que puede verse una estrella en la parte delantera del coche, y bueno ese era el símbolo del régimen comunista checoeslovaco.

Y en democracia, es decir a partir de 1990, empezaron a circular modelos como el que enseña la siguiente fotografía,

Y partir del 2005 en adelante tenemos estas verdaderas naves espaciales,

En fin, y aunque sin duda, nuestra hermosa capital, es un patrimonio histórico, esto no quiere decir que deje se deje escribir todos los días una nueva, puesto que en el corazón de Europa, se vive el presente con toda la presencia del pasado, lo que hace todavía más sublime el paso del tiempo, y bueno… ya está…. por ahora dejaremos esta Praga en blanco y negro… y a todo color, hasta aquí, y será hasta la próxima.

 

Andrés Vidal Domínguez, Praga, 2017.