Berlín o el ave Fénix que renace de sus cenizas.

 

Seguimos en la ruta del mochilero, sí, pensando en aquel que recorre varias ciudades en pocos días y ojalá ver lo máximo posible a menor costo ¿No? Y bueno, muy cerca, a sólo cinco horas de Praga, se halla la capital de Alemania, Berlín. Entramos en ella de lleno, cruzando la monumental Puerta de Brandeburgo,

Se Trata de un arco de triunfo, construido a finales del siglo XVIII, por los reyes de Prusia, la familia de los Hohenzollern, de esta manera conmemoraron las glorias militares contra Austria y otras potencias europeas. Siglos atrás, la puerta estaba unida a las murallas de la ciudad, señalando los límites de la misma, sin embargo, hoy es el centro neurálgico berlinés.

Cuenta la historia que Napoleón para humillar a los alemanes tras la ocupación de 1806, y enrostrarles la conquista francesa, se llevó el auriga -la estatua de los 4 caballos conducidos por la diosa de la paz situada sobre la puerta- a Paris, pero sería recuperada pocos años después siendo puesta en el mismo sitio.

Y bien a muy pocos pasos de allí se halla el parlamento alemán, el célebre Reichtag, de la segunda mitad del siglo XIX, símbolo de la reunificación alemana alcanzada por fin en 1871 gracias al genio político de Otto Von Bismark.

Ícono de la historia mundial del siglo pasado, desde su cúpula, o de lo que quedaba de ella, fue inmortalizado el fin de la segunda guerra mundial en la primavera de 1945, con la famosa fotografía que muestra a dos soldados del ejército rojo poniendo la bandera de la Unión Soviética ante un panorama desolador; la ciudad absolutamente destruida.

Y es que la historia reciente de Berlín, es sin duda, traumática, trágica y dramática. En 1934 empieza la dictadura de Hitler, producto de un incendio que se dio en el Reichtag, provocado supuestamente por un terrorista comunista, sin embargo, hoy se sabe que fueron los mismos nazis los responsables y todo fue un montaje con el fin de justificar, concentrar y obtener la totalidad del poder. Y así fue que Hitler llevó en 1939 a Alemania, y a gran parte del mundo entero, a la masacre más terrorífica y sanguinaria que ha vivido la humanidad en todos los tiempos, a saber, la segunda guerra mundial, que terminó en 1945 con un saldo de alrededor de 30 millones de muertos. 6 millones de judíos entre ellos, que perecieron en los campos de exterminio. Muy cerca de allí también se encuentra el memorial del Holocausto.

Construido en el año 2000, los bloques de granito representan, según se dice, tumbas, cada piedra es de tamaño diferente y único, representando la singularidad de cada uno de los fallecidos, siendo en total 2711 unidades, formando entre medio de ellas corredores y laberintos.

La más desatada barbarie fue la tónica de este vergonzante episodio bélico; en la última batalla de la guerra, la de Berlín, perecieron cientos de miles de personas, la mayoría de ellos soviéticos. En el Tier garten (jardín de los animales) se haya hoy un memorial dedicados a estos últimos, representados por una estatua y dos tanques T34, el orgullo de la industria de acero pesado soviética.

El Tier garten, es una inmensa reserva natural situada en el centro mismo de la ciudad,

fue talado a finales de la guerra en 1945, porque la población alemana sin techo, comida ni infraestructura alguna, necesitaba la madera para pasar los rigurosos inviernos, pues estaban allí viviendo entre los escombros de las que fueran sus casas. Para que se hagan una idea de cómo quedó Berlín, vean este increíble documento fílmico,

Pero no fue el fin la guerra el final de los sufrimientos de Berlín, no, la capital alemana, así como el país fue divido entre los vencedores, las potencias occidentales formarán La República Federal Alemana, y la zona bajo influencia comunista, crearán la República Democrática Alemana (RDA).

Berlín estaba situada en la parte que correspondía a la Unión Soviética, sin embargo, era también de interés para las otras potencias establecer su influencia allí, en la capital alemana. Con los años las tensiones entre la zona soviética y occidental, se agudizaron, básicamente, porque para muchos las expectativas en la Berlín occidental eran mucho más elevadas y motivantes que las que había en el Estado comunista oriental, por lo mismo miles optaron por pasarse a la zona capitalista y desde allí buscar un visado para salir hacia la zona alemana controlada por los occidentales. Para evitar esto, los comunistas tomaron la aberrante decisión de levantar un muro en 1961 que dividió la ciudad por más de 30 años.

Más de cien kilómetros de doble muro se levantaron; muchos perecieron tratando de cruzarlo desesperadamente baleado por los vigías.

Hoy quedan muy pocos metros del muro original, pero todo su perímetro es recordado por adoquines de piedra. Como detalle cabe decir que la puerta de Brandeburgo quedó entre medio de ellos y durante 3 décadas su acceso fue denegado y bloqueado por las murallas de la vergüenza.

Con la ciudad dividida por un muro, tanto el lado occidental como el oriental sufrieron pérdidas importantes en infraestructura, por ejemplo, la tradicional Universidad de Humbolt, quedó en el lado soviético obligando a los aliados a crear la Universidad Libre, y asimismo, los comunistas perdieron la estaciones de telecomunicaciones, y se vieron en la necesidad de construir una nueva en los años sesenta del siglo pasado. Este es el origen de uno de los íconos más representativos de Berlín, la torre de Alexander Platz.

La torre originalmente tenía 365 metros de altura, dicen que los jerarcas comunistas decidieron esta medida para que el dato fuera semejante al de los días del año, y por lo mismo fuera fácil para los niños memorizarlo. Hoy en día posee un restaurante y un mirador de la ciudad.

La división de Berlín, asimismo afectó la vida cultural en el Oeste, pues todos los emblemáticos museos quedaron bajo poder de los orientales, y así fue necesario crear nuevas galerías, las que resultan muy interesantes ya que fueron hechas bajo los conceptos de los movimientos modernos y vanguardistas en materia de arte y diseño. Un ejemplo de ello, es la Nueva Galería Nacional de Arte, hecha en el estilo Bauhaus, escuela nacida justamente en Alemania. La simpleza, el concepto mínimo pero útil, eficiente, y aún estético, fueron las máximas de esta generación,

Allí es posible contemplar la colección de artistas del siglo XX, exponentes de diferentes escuelas, y grandes genios de la pintura se hallan en la colección permanente. Y es que Berlín se las ingenia para sacar ventajas de las desgracias, pues es sin duda, la capital cultural de Alemania, en las que florecen las más contemporáneas tendencias y en todos los géneros, en medio de las ruinas de lo antiguo.

¿Y qué quedó en la zona oriental? Bueno básicamente todo, al ser el Ejército Rojo el que derrotó a la Werhmar (ejército alemán), en los frentes más importantes de la guerra, quedó con pie de privilegio a la hora de dividir la ciudad, por lo mismo se quedó con la zona de mayor patrimonio. Veamos brevemente qué se puede ver allí. Por ejemplo, la famosa isla de los museos

Estos edificios poseen una riqueza tan grande, que hoy pertenecen al listado de la UNESCO, fueron construidos en la segunda mitad del siglo XVIII, en la época dorada del reino Prusiano, en estilo neo-clásico, y casi todos ellos restaurados y reconstruidos tras la guerra.

Asimismo, se halla la catedral protestante que alberga las reliquias de la dinastía Hohenzollern, que junto con los Borbones, Romanov y Habsburgo, dominaron el Viejo Mundo.

En fin, la verdad es que podríamos pasar horas y horas comentando o bien recomendado atracciones en Berlín. Aquí nos remitimos más a la oferta de carácter patrimonial y cultural, y nada dijimos de los caracteres más alternativos de la ciudad, pues Berlín como conoce de cerca la muerte es una ciudad llena de vida, y una ciudad alegre, llena de diversiones y panoramas de todo tipo, por lo mismo alguna vez volveremos a ella para comentar esta clase de atracciones.

 

¡Hasta la próxima los leoncitos viajeros!

 

 

Andrés Vidal Domínguez

Praga, mayo, 2016