EL BARROCO: LA CONTRAREFORMA Y SU ESTILO

 

(relieve sobre la fachada de la Iglesia de Santiago, Ciudad Vieja de Praga)

  1. El renacimiento y el barroco.

 

Como primera tarea, debemos conocer y profundizar en el concepto del Renacimiento, pues allí se van a determinar las formas generales estilísticas de lo que conocemos y llamamos estilo Barroco. Debemos explicitar tanto los vínculos esenciales que existen entrambos estilos o conceptos, como también sus diferencias.

Dentro de esta misma línea, al final de este examen pretendemos también comparar el barroco con otro estilo muy cercano y sincrónico que se conoce bajo el nombre de Neo-clasisismo, pues como se ha dicho, barroco y neoclasisismo, son dos caras de una misma moneda. Sin más, empecemos.

El Renacimiento comienza a adquirir fuerza especialmente en las ciudades italianas en el siglo XV, época en que los artistas, letrados y hombres de ciencias se entregan del todo a una arcaica, pero por aquel entonces muy fresca fuente de inspiración y conocimiento: La antigüedad grecolatina.

En el arte figurativo o plástico si se prefiere, si hasta ese entonces había sido la religión cristiana, casi el único motivo digno de ser representado, ahora se mostraba un nuevo mundo, una nueva veta, a saber; la mitología pagana, y los artistas se van a dejar llevar no sólo por el amplio universo que ofrece este riquísimo mundo de historias y epopeyas, sino que, además, su legado, indiscutiblemente de mayor relevancia, será la exquisitez y el virtuosismo técnico del estilo de la antigüedad, posible de encontrar gracias a las obras escultóricas conservadas, como en los edificios.

(El arte pictórico medieval es casi exclusivamente centrado en las imágenes religiosas, puestas a la manera de murales, mosaicos, o bien Códices. Los dibujos son curiosamente de factura simple, casi inocentes, aunque no carecen de limpieza y eficacia)

En el estilo clásico, anterior a la cristiandad, hallamos sin duda mayor apego a las proporciones de los cuerpos y un interés profundo por la complejidad de las formas ofrecida por el estudio de la anatomía. Cosa que no era la tendencia en el medioevo.

(Laoconte y sus hijos son devorados por culebras tras exhortar a los troyanos no aceptar el Caballo regalado por los supuestamente derrotados griegos. Museo Vaticano. La estatua original data del siglo I)

La reaparición de estos modelos de la tradición pagana, significó dejar atrás de una buena vez, aquel estilo tan austero y modesto, pero no por ello menos sistemático, que atraviesa y rige durante toda la era medieval cristiana.

 

(Nacimiento de Venus, de Boticelli: motivos sacados en la literatura clásica son frecuentes en el trabajo de los artistas italianos del fin del siglo XV)

 

No solamente las artes plásticas se verán bajo este influjo de la cultura clásica, sino que la arquitectura misma vivirá su propia transformación, adoptando principios de construcción propios de la antigüedad. Será en esta época que comenzarán a ser construidos en Europa edificios en los que hallaremos como sostenes las famosas columnas griegas, y sus variantes. Y sobre ellas los Entablamentos como vemos en el cuadro de a continuación.

En Praga, encontramos algunos de estos elementos presentes ya en la temprana arquitectura renacentista de finales del siglo XV, en el célebre Salón Vladislav, situado en el Castillo de Praga.

Si bien, en este edificio todavía están muy presentes los elementos de la construcción gótica del siglo anterior (véase el contrafuerte oscuro en medio de la imagen), ya es posible reconocer la inserción de columnas típicas del arte clásico o renacentista alrededor de las ventanas. Y el tipo de relieve en particular de estas columnas, y el tipo de entablamento que se dispone sobre ellas, de acuerdo con el cuadro puesto más arriba, reconocemos aquí el estilo jónico.

Este tipo de columnas, serán en adelante frecuentes de encontrar en los edificios posteriores, y es que sin duda son estas incorporaciones que trajo el renacimiento, las que pusieron los principios y rasgos técnicos fundamentales, que subyacen y determinarán en esencial medida toda la llamada arquitectura barroca que se da desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII.

  1. Reforma y Contrarreforma: fin del renacimiento comienzo del barroco.

El renacimiento permitió que el espíritu europeo se encontrará con una parte de su tradición cultural y material que había quedado ensombrecida por la experiencia religiosa, por otra parte coincide con una época de expansión económica importante, no debemos olvidar que en 1492 asistimos al descubrimiento del Nuevo Mundo, al mismo tiempo que la corte papal reclutaba a los más grandes genios de su época para llevar a cabo ambiciosos y monumentales proyectos arquitectónicos renacentistas como la basílica de san Pedro, que dejará para la posteridad su ejemplar y magnífica cúpula, rasgo arquitectónico tan imitado y repetido por el arte barroco posterior.

(Basílica de San Pedro en Roma, tiene una de las cúpulas más grande del mundo, varios arquitectos participaron de su diseño y construcción)

(San Nicolás, Praga 1690. Iglesia barroca, construida en el barrio de Mala Strana, cuya cúpula, como muchas otras, sin duda imita en menor escala la de la basílica de San Pedro en Roma.)

El renacimiento fue un periodo glorioso y magnífico; una época de mucho entusiasmo, de grandes logros, y de una apertura impresionante del conocimiento humano hacia otras esferas del saber hasta ese entonces tan poco transitadas. Pero la religión, estaba solo en apariencia perdiendo su protagonismo, pues todavía jugaba un rol fundamental en las sociedades europeas.

En España la monarquía isabelina unificaba la península bajo la autoridad y el machete de la cruz, unidad que estaba basada en la expulsión de los “enemigos” de la fe, (en otras palabras, judíos y moros), los turcos otomanos, pero bajo la uniformidad del Islam, se servían del mismo lenguaje intolerante, para justificar el cautiverio contra las minorías religiosas en sus dominios. Y para poner la guinda a este mundo hundido en el conservadurismo religioso, asistiríamos en 1517, a la experiencia de la Reforma religiosa, nacida en Alemania, acontecimiento que desgarraría por dentro y para siempre al cristianismo europeo.

(Martín Lutero, principal gestor de la Reforma. Crítico decidor del poder eclesiástico, enemigo radical de las órdenes religiosas, abogó por el término de todas las potestades institucionales eclesiásticas, puso las bases así de los poderes laicos y seculares. Con estas ideas, y aun a su pesar, y de su espíritu profundamente retrógrado, se transforma en uno de los padres de la modernidad. Según Nietzsche, con su obstinado resentimiento contra la opulencia del clero latino, puso fin a la fiesta del Renacimiento.)

 

La Reforma y la aparición del movimiento protestante, rápidamente popular en el norte de Europa, llevará a la sociedad católica mediterránea a cerrar filas y a afincarse en los dogmas de la tradición encarnada en la Iglesia Apostólica Romana, amenazada ahora justamente por la herejía alemana. La respuesta ante la disidencia será la llamada Contrarreforma, que adquiere carácter oficial a mediados del siglo XVI, tras el Concilio de Trento.

La Contrarreforma – frente al desafío de poner la autoridad de los príncipes y el mundo laico por sobre la autoridad de la Iglesia como institución y poder- responderá con más poder al clero, con una cultura profundamente reaccionaria afincada con más fuerza en la religión y en el absolutismo monárquico, que será un garante y protector de la tradición católica-eclesiástica.

Pero esta nueva política, no significará un retroceso desde el punto de vista artístico, no se vuelve al simplismo del arte medieval, sino al contrario, todas las fuerzas del virtuosismo de los artistas descubierta por el renacimiento, ahora debe y se pondrá en servicio de la religión católica, o más precisamente de la Contrarreforma.

(El éxtasis de Santa Teresa de Ávila, por Bernini, 1589-1680)

 

Para los protestantes, por su parte, la religión de ser una cosa pública e institucional, pasará a ser por el contrario, una cosa netamente privada e íntima, y en lo que respecta la representación de lo divino, los evangélicos al volverse hacia las fuentes originarias del cristianismo (evangelios) hay una tendencia, al menos en teoría no así en la práctica, iconoclasta, o al menos reservada, con respecto al arte sagrado. Esto jamás negará la posibilidad del arte entre ellos, sino que abrirá en estos países un camino llano y libre hacia los motivos laicos y profanos.

Realidad totalmente opuesta encontraremos en la cultura de la Contrarreforma, la religión reclamará y luchará en todos los campos por su validez y gloria universal. Y para representar este fin, florecerán monumentales y espectaculares Iglesias, que ya en sus fachadas y relieves parecen traer hacia la tierra la gloria del reino de los cielos; estatuas de santos, de la virgen, de mártires y padres de la tradición abundarán dentro y fuera de los templos.

(San Nicolás, Ciudad Vieja, Praga. En las fachadas hallamos estatuas como esta, sobre los entablamentos y entre dos columnas, se representa un patriarca de la fe portando corona, báculo, todos estos son símbolos de autoridad. Recordemos que el catolicismo a diferencia de los protestantes, reconocen toda una jerarquía eclesiástica en la Iglesia, que va desde el Papa, pasando por arzobispos, hasta los párrocos de pueblos.)

Y en el interior de este tipo de monumentos serán innumerables los tablados o altares, decorados por más estatuas, lienzos, bajo-relieves., querubines., etc.

(tablados y altares barrocos en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en Praga, Ciudad Nueva)

 

Los artistas deben obrar conforme a motivos encargados por los imperativos dictaminados por la cultura profundamente religiosa y reaccionaria de la Contrarreforma. En este contexto llevarán sus trabajos a niveles extraordinarios, exuberantes. A este estilo y aun época, le llamamos justamente el Barroco.

Aquí la cultura clásica o renacentista solo aporta su técnica y sus formas, no tanto así su fondo ni sus motivos. Si uno de los triunfos del renacimiento fue justamente abrir nuevas fuentes de inspiración en el arte, con la Contrarreforma se cierra bastante esa posibilidad (al menos en lo que respecta el arte público), y será la religión otra vez la que concentrará casi la totalidad de las representaciones artísticas. Las antiguas mitologías cederán su lugar a los motivos religiosos de la piedad cristiana, y en menor medida, simultáneamente se posiciona un arte que retrata el espacio cortesano aristocrático, pero estas expresiones a diferencia de las manifestaciones religiosas, quedaron relegadas a la privacidad de los palacios y castillos de la nobleza.

 

  1. El barroco en Praga

 

En Praga y en toda Bohemia, la Contrarreforma comienza a manifestarse con mucha fuerza a partir de la guerra de los treinta años (1618-1648). Durante la guerra los rebeldes protestantes del país checo, fueron derrotados, ejecutados y exiliados, y la población fue sometida a un duro proceso de recatolización obligatoria.

Durante esta época y después, el arte barroco se convirtió en un medio fundamental para transmitir los valores de la concepción del mundo católico entre el vulgo. La mayoría de los templos religiosos que hallamos en el casco histórico de Praga son justamente de estilo barroco, y aunque también existe la variante civil, el barroco se encarna ante todo como la expresión estética de la contrarreforma y su misión, por lo mismo han de ser las Iglesias, conventos o monasterios los edificios donde hallamos sus ejemplos más relevantes. Veamos algunos ejemplos.

Esta iglesia es la famosa San Nicolás situada en el corazón de la ciudad vieja. Data de las primeras décadas del siglo XVIII, y si observamos la fachada podemos reconocer algunos de los elementos arquitectónicos que ya hemos hecho mención aquí. Toda la edificación se sostiene a partir de las ya mencionadas columnas, que se ven alzadas puestas en pares alrededor de la puerta del templo, pero también las hallamos sistemáticamente otra vez puestas de dos en dos en todo el frontis. En la cúspide vemos, y sostenida otra vez por columnas superiores, una cúpula central y dos torres. Toda la fachada está decorada en su exterior ya con estatuas, que representan a veces santos, autoridades eclesiásticas, y otros referentes de la religión.

Este tipo de imágenes las encontramos también en una iglesia situada en el antiguo colegio Jesuita de Praga, el Clementinum, llamada San Salvador e Ignacio Loyola, por supuesto que de estilo barroco.

En una época en que pocos leían, las imágenes eran un lenguaje bastante eficaz para transmitir y educar a la población dentro de los principios de la tradición católica. Esta iglesia está situada a la entrada sur del puente de Carlos, que es además un parque estatuario barroco, pues sus treinta estatuas comenzaron a ser colocadas allí a partir de la segunda mitad del siglo XVII, tras el término de la guerra de los 30 años. Todas ellas son imágenes religiosas.

Justamente aquí encontramos la estatua más famosa de la ciudad, y que justamente se trata del héroe y símbolo de la cultura barroca en Bohemia, nos referimos a San Juan de Nepomuceno.

(Estatua de Juan de Nepomuceno (1723-1729), puente de Carlos)

 

Los santos, dentro de la Contrarreforma, juegan un rol fundamental. Encarnan la legitimidad y el fundamento que transmite la tradición de la Iglesia, que recoge, transmite y se sostiene sobre el ejemplo que dejaron una serie de hombres piadosos. Cabe decir que esta tradición de cultos a personas de carne y hueso, no deja de ser polémica pues es repudiada por los evangélicos y protestantes que suelen compararla con la idolatría pagana. Pero la Iglesia, el clero y las órdenes religiosas de alguna manera se aferran a ésta, puesto que allí está la justificación de su poder, pues muchos papas fueron santificados, muchos concilios enseñan la evolución de la doctrina cuyos gestores y perfeccionadores fueron hombres santos.

Otro símbolo esencial de la cultura barroca en Praga, lo hallamos en la iglesia situada en Mala Strana, llamada Nuestra señora de la victoria.

(originalmente de culto protestante fue recatolizada durante la primera etapa de la Guerra de los 30 años)

Aquí en 1628 según cuenta la historia, fue puesta en su interior una imagen del Cristo niño, traída desde España, Andalucía. Por aquellos días Bohemia se veía azotada y amenazada frecuentemente por saqueos, invasiones y crímenes. Corría la cruel guerra de los 30 años, el país había sido ya destruido en 1620, y todavía le tocaría sufrir más ocupaciones por parte de ejércitos extranjeros. En este contexto de un país oprimido y aterrorizado, la seguridad de la gente era tan nula, que no les quedó más remedio que encomendarse a la religión y a sus símbolos, y así fue que, la imagen del niño Jesús durante esta guerra se ganó la fama de ser protectora y benéfica para los praguenses que en masa recurrieron desesperados a rendirle sumisión y adoración.

Hasta el día de hoy miles y miles de peregrinos del mundo católico acuden a la imagen para buscar su protección. Sin duda, el mismo surgimiento al culto del niño Dios forma parte esencial, y es expresión, de la cultura popular barroca dada en Bohemia a mediados del siglo XVII. Y en este mismo sentido debemos comprender el convento fundado a finales de este mismo siglo, que conocemos como Nuestra Señora de Loreto, situado en las cercanías del Castillo de Praga.

Este convento, construido después de la guerra de los treinta años (1648), también encarna el culto popular a otro referente fundamental de la cultura católica barroca: La virgen María. Según se dice allí existen reliquias de la casa de la anunciación situada originalmente en Belén, trasladadas por ángeles desde la Palestina hasta la capital checa. Se trata esta de otra de las típicas leyendas que circulaban en la población por aquellos días, y este tipo de historias han convertido a este convento en un centro de peregrinación de fieles hasta la actualidad.

Ahora, si existe un símbolo de difusión muy popular, de la cultura barroca en el país checo y en los vecinos también, son sin duda, las llamadas columnas de la peste. En toda ciudad checa de relativa importancia hallaremos alguna. Casi todas ellas se construyeron a comienzos del siglo XVIII.

(columna de la peste en Hradec Kralovec)

 

Con más o menos aparataje, siempre se representa lo mismo. La virgen sobre la columna agradece al cielo el fin de las pestes, y suplica a Dios que se compadezca de los mortales e impida que llegue una nueva epidemia. A veces las llaman columnas marianas, o bien columnas de las pestes, expresiones que representan la devoción de masas, propia de la cultura de los países católicos de la era de la contrarreforma.

Teniendo presente estos rasgos del estilo barroco, que se presta para representar supersticiones populares, quizás podríamos pensar que este estilo, el barroco, se presta para ensalzar lo irracional, lo que escapa de la lógica, para dar rienda suelta a la fantasía de manera arbitraria. Pero en realidad el estilo barroco, dista mucho de todo esto.

El barroco es ante todo un dispositivo cultural de carácter sistemático y profundamente racional en sus fundamentos estilísticos. Si bien, toda la exuberancia que encontramos en sus decoraciones, en sus relieves o tablados, sin duda incitan la imaginación y pareciera proyectar esta abundancia hacia la totalidad o lo infinito, pero tenemos también, que siempre se trata de lo mismo, a saber, de un contenido profundamente religioso, pero totalmente controlado y organizado, y con un mensaje con una eficacia simbólica bastante estricta. Si el barroco es supersticioso o aún ingenuo, es porque permite que la superstición y la ingenuidad participen y sean encarnados en este arte, pero todo esto, para reproducir los valores propios de la religiosidad que se quiere sacralizar y sublimar: el catolicismo.

 

  1. El ocaso del estilo y protagonismo del neoclasisismo

 

Como últimas reflexiones, es importante destacar dónde encontramos los motivos históricos que permitieron al arte, y en definitiva a la cultura católica, despojarse de esta época y también de este tipo de estilo, o en otras palabras, identificar las razones que trajeron por término la Contrarreforma como política de Estado.

Muchas son las razones que explican este acontecimiento, pero dentro del contexto de la historia del país checo, perteneciente a la Casa de Austria, debemos buscar esto dentro del contexto de la consolidación de una nueva ideología en lo que respecta a la administración del Estado, que hoy denominamos como el Despotismo Ilustrado, que comenzó a ganar bastante fuerza durante la segunda mitad del siglo XVIII.

Las monarquías del centro de Europa, incluso en España y Portugal, aunque en mucho menor medida, siguiendo el ejemplo de algunos países del norte del continente, veían una mayor eficacia en la administración, fortaleciendo el poder estatal, en desmedro del que capitalizaba todavía la Iglesia. Esta última cada vez se veía como un estorbo en la tarea de modernizar los estados y el aparato burocrático, económico y jurídico como tal. El fin práctico inmediato era la mejor recaudación y concentración de los impuestos, de los cuales muchos de ellos, percibía por diversas prestaciones, todavía el clero, que aumentaba también, por medio del rico patrimonio de las órdenes religiosas, y las generosas herencias dejadas por generaciones de gentiles a estas instituciones. En suma, la Iglesia, poseía gran parte del bien inmobiliario de los estados.

No había otra manera que ejercer un poder coercitivo contra el clero. Las órdenes religiosas serían sistemáticamente expulsadas, y sus bienes confiscados, partiendo por los jesuitas. La Iglesia sería expropiada en un 90% de sus pertenencias. Esta fue la única medida eficaz para fortalecer la autoridad estatal, y poder comenzar de una buena vez con la secularización, o la construcción de un Estado Moderno, cuya esencia en gran parte está, por supuesto que, en separar al Estado de la Iglesia, y supeditar esta última al primero.

El Despotismo Ilustrado se dejaría también influenciar por las ideas liberales e iluministas de la generación de los racionalistas ingleses y franceses, y terminaron por aceptar que, dentro de los parámetros del buen sentido, cabía dictaminar la libertad de culto y la libre profesión de fe, como un símbolo de civilización, tolerancia, y ante todo, una suerte de alcance por parte del espíritu de una suerte de mayoría de edad, que lo exigía como una prueba de madurez y libertad.

Bajo este contexto la Contrarreforma perdió su piso. Ya no era necesaria, al contrario, era símbolo del oscurantismo, asimismo su estilo por excelencia, el barroco, también irremediablemente debería ceder ante nuevas tendencias más seculares. Por lo demás el desarrollo de las ciencias empíricas, el creciente cientificismo, ligado al empoderamiento del mundo laico, dejaría obsoleto y superado el trasfondo supersticioso y fantasioso de la cultura barroca, y es que este estilo ya no sincronizaba con los nuevos tiempos.

En Bohemia esta ideología entró en decadencia, con María Teresa de Habsburgo, durante su reinado (1740-1783) se experimenta un declive del barroco bajo las características que hasta aquí hemos esbozado. Será durante su periodo que comenzará a ´popularizarse otro estilo que denominamos neoclasisismo, un estilo que ante todo es laico, y que poco y nada participa del arte sacro.

Aunque podemos citar una iglesia que nos muestra una suerte de transición desde el barroco hacia el neoclasisismo, y aquí nos referimos a la basílica de San Jorge situada dentro del Castillo de Praga.

Esta iglesia originariamente del siglo X, fue prácticamente reconstruida en su totalidad durante la época teresiana, pero en un estilo más conforme al gusto de la época. Las pocas estatuas en la fachada, y los pequeños espirales como detalles en los relieves junto a la puerta, podríamos denominarlos como rasgos barrocos del edifico, sin embargo, la sobriedad del mismo, y el carácter más bien simétrico y austero en la disposición de sus columnas, ya nos da señal, de una suerte de ocaso del mismo estilo. Ya no se busca disponer de ese aparato exuberante desde las fachadas, ni tampoco el edificio se excede en sus dimensiones como lo hallamos en otros ejemplos. Ya corrían otros tiempos, el entusiasmo por la fe, también se moderaba y se entibiaba poco a poco.

La época de María Teresa de Austria, no se caracteriza por la cantidad de iglesias construidas, y las que ahora se construyen ni la sombra alcanzan de sus similares de las generaciones anteriores, ahora toda la inversión y la monumentalidad va destinada para alzar palacios de carácter civil asociados al poder del estado laico. Un ejemplo emblemático es el llamado Palacio Nuevo, que prácticamente abarca la mitad del complejo palaciego del Castillo de Praga.

El Palacio Nuevo, es actualmente la sede del poder ejecutivo del país checo, allí están las oficinas del presidente de la república. El estilo es justamente denominado neoclasisimo, y algunos le han llamado neoclasisimo de Viena o teresiano, justamente un estilo que encuentra su lugar, dentro del contexto del despotismo ilustrado que en Austria puso las base para la posterior secularización, o bien separación del Estado y de la Iglesia, siendo el neoclasisimo justamente expresión del poder laico en desmedro del eclesiástico. En este sentido, barroco y neoclasisismo se oponen, o bien cada uno de ellos representa una cara de la misma moneda.

El neoclasisismo, logrará traer de regreso aquellos motivos clásicos que no se conocía mucho en el arte público y de masas: la tradición pagana de la antigüedad. Símbolo de esto, lo representa la puerta María Teresa o de los titanes, si se prefiere llamar.

El arte clásico, en los países dominados por la Contrarreforma, había quedado como un patrimonio de privilegio exclusivo de la gente de alta erudición, círculos letrados de la cultura académica, o bien de coleccionistas aristocráticos, nobles que podían en su privacidad dejarse encantar por esta tradición. No estaba en las calles ni en el espacio público, pero éste en un contexto de secularización ya no tendrá objeción alguna, y en géneros pujantes como la ópera y el teatro, se irá ganando más espacios dentro de la cultura popular, hasta que desemboquemos en el romanticismo dónde lo clásico se transforma o bien en un cliché o bagatela, o bien, en una fuente rica para buscar nuevos vínculos identitarios, más allá de la religión, dando origen incipiente a los nacionalismos modernos.

Uno de los ejemplos más esplendorosos de la arquitectura del neoclasisimo es sin duda, el Teatro de los Estados, inaugurado en 1783, en la época de Jose II de Austria, principal referente del despotismo ilustrado de la casa de Austria. En este lugar, un 29 de octubre de 1787, estrenaría allí con éxito Mozart su ópera titulada Don Giovani.

En fin, como último alcance, toda la pretensión y exuberancia barroca, no llega a término con el ocaso de este estilo, sino que otras expresiones tardías como el rococó, seguirán esa senda abierta por aquél, pero ya en un contexto cada vez más laico y profano, buscará y seguirá enriqueciendo los detalles, con relieves y otras extravagancias de esta naturaleza, pero cuyo fin era más bien la elegancia y la opulencia, más que los ideales propios de la contrarreforma, que posibilitó y le dio estilo y carácter al Barroco.

 

Andrés Vidal D, Praga, octubre, 2017

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