LA PASCUA EN PRAGA: Semana santa o la consagración de la primavera.

La semana santa se festeja de manera muy especial y alegre en la capital checa, la gran mayoría de las plazas del casco histórico, se llenan de atavíos y motivos típicos relacionados con estas fechas. Aparecen los famosos mercados que ofrecen comidas tradicionales, y una variedad de artesanías proveniente de Europa Central.

Los árboles que tímidamente van enseñando los brotes de la nueva estación, son decorados por cintas de múltiples y vivos colores, simulando el lugar de las flores y hojas, que pronto han de aparecer y embellecer la naturaleza entera. Y es que se trata de una fiesta que ante todo está dedicada a la primavera, empero, se le da la bienvenida y es un llamado invitándola a ella.

Como muchos saben, la República Checa es uno de los países más ateos del mundo. Alrededor del 70 por ciento de la población del país no profesa ninguna religión ni creencia. Como ejemplo de esta ausencia del espíritu religioso, podemos decir que, aunque resulta increíble el viernes santo, no era un día festivo en el país checo. Durante el régimen comunista, en 1952, perdió el viernes santo su carácter de día feriado, y sólo lo recuperó el año 2016, más de 25 años después de la recuperación de la democracia, lo que nos muestra el poco interés religioso que existe en la sociedad checa contemporánea.

Sin embargo, y pese a todo este ateísmo, aquí también se festeja la navidad y la pascua, pero no se le da tanto el significado piadoso que el cristianismo busca enfatizar, sino que se la vincula con hitos del calendario astronómico.

Y es que para nadie es una novedad que estas fechas cristianas coinciden con inmemoriales fiestas agrícolas situadas en el inicio y el final de las diferentes estaciones del año. Ellas formaban parte central de los antiguos ritos paganos muy anteriores al advenimiento de Cristo.

Por ejemplo, la navidad, bien sabemos conmemora el nacimiento de Jesús, pero también sabemos, que estas fechas se corresponden con el solsticio de invierno en el hemisferio norte. Antiguamente, eran fiestas ligadas al nuevo sol, y es que por esas fechas se viven las noches más largas, el sol se ha cargado muy hacia las tierras meridionales del planeta, pero a partir del 21 de diciembre el sol comienza a retornar hacia el norte, por lo tanto, si bien es una fecha de días muy oscuros y muy fríos, son de mucha esperanza, porque comienza otra vez el ciclo. El sol, regresa otra vez y promete días cada vez más largos, que traerán más temprano que tarde las estaciones cálidas. El nacimiento de un nuevo sol, o el advenimiento de un año nuevo, es también el nacimiento de Cristo. Sin duda asistimos aquí a vivo sincretismo pagano-cristiano.

Razón más que suficiente, para festejar, es más en esas fechas también nuestra bella Praga, se llena de mercados y sus principales calles lucen alegres, llenas de gente.

Con la Semana Santa asistimos a un fenómeno semejante. Por supuesto, que los cristianos aquí conmemoran la pasión y resurrección de Cristo. Pero estas fechas coinciden con el equinoccio de primavera, o más precisamente, la primera luna llena de la nueva estación. Siglos atrás, muchos pueblos, entre ellos los mismos eslavos, festejaban aquí, el nacimiento de un nuevo año, y no a finales de diciembre como lo hacemos ahora.

Los elementos típicos que aparecen y decoran estas fiestas, no tienen que ver mucho con la religión, sino que más bien, se vinculan con el advenimiento y la consagración de la tan esperada primavera.

 

Por ejemplo, al igual que en muchos países, la pascua, es la fecha de los famosos huevos, que es posible ver en estos días en abundancia y de múltiples colores. Ahora ¿Por qué razón aparece este objeto en las pascuas? No hay una única respuesta, pero aquí si podemos relacionar sus causas con la religión y las tradiciones cristianas europeas.

Como bien se sabe tras los carnavales que periódicamente se festejaban con mucho entusiasmo en febrero, en estas fechas, la gente además de entregarse al jolgorio, derrochaba muchos bienes y cometía acciones poco decorosas que únicamente dentro del contexto del carnaval eran toleradas, por lo mismo, tras estas fechas de licencia era menester que la comunidad se sometiera a la penitencia, en otras palabras, comenzaba la cuaresma. 40 días, en los que, ante todo, había que abstenerse de todo tipo de placeres, banquetes y derroches, pues no regirse a ella, se incurría en un grave pecado.

La cuaresma, es también la última etapa del invierno, hay que pensar que antiguamente los recursos en estas fechas escaseaban y había que economizarlos, por lo mismo la abstención religiosa era bastante práctica y recomendable para las poblaciones que debían irremediablemente racionar los alimentos.

Algunos, más radicales y apegados al espíritu penitente, se abstenían de comer toda clase de alimentos y solo bebían líquidos, los demás menos rigurosos, no probaban bocado de carne alguno durante varias semanas.

Ahora, justamente es en semana santa cuando se acaba la abstención, y es posible por fin, celebrar un banquete otra vez. Y justamente, en estas fechas aparecían las canastas llenas de huevos, símbolo de la abundancia y del fin de la penitencia. El huevo, sin duda es la materia prima, de muchísimas recetas del arte culinario, por lo mismo ha sido un protagonista principal de estas fiestas. Además, el huevo, es un símbolo del origen de la vida, y es que en primavera justamente nacen las nuevas generaciones en la flora y en la fauna.

También vemos estos huevitos de múltiples colores, cada color según se dice tiene un significado específico, pero si hay uno que destaca entre ellos es el de color rojo. Y es que, es el símbolo del amor, y en estas fechas un regalo habitual que las chicas comparten con los chicos, es el intercambio de huevos. Si una chica, concede un huevo rojo al varón, este debe sentirse dichoso, pues es el escogido por ella.

La primavera como bien sabemos es una fiesta muy vinculada con la fertilidad y el nacimiento de las nuevas generaciones, pues es la etapa en la que los animales entran en periodo de apareamiento. Y en esta lógica los checos, festejan una de las fiestas que más impactan a los visitantes.

Y es que el lunes, después del domingo de resurrección, los chicos salen a las calles, armados por un látigo, que en realidad es una rama de sauce, de la que penden hilachas de colores, en checo le llaman, pomlázka. Si vemos la etimología de la palabra, vemos que tiene en sí, la palabra laska, que en castellano traducimos como “amor”.

 

Este “lazo del amor”, se usa para golpear, a las chicas en el trasero, así literalmente. Muchos y muchas dirán, pero qué barbaridad, qué sociedad machista y patriarcal, pero más de allá de eso, es un rito más bien divertido, bastante lúdico e hilarante, donde ellos las persiguen a ellas para “golpearlas” con la “pomlazka”, y ellas deben devolver un huevo de color al chico que las “agredió”. Todo esto se hace un clima festivo, donde el vino y la cerveza por supuesto acaloran el ánimo de los participantes.

Pero más allá de esta imagen “violenta”, este golpe, según dicen es mágico, en el caso de que una chica no lo haya recibido “se seca” y pierde su fertilidad, por lo mismo, en teoría ellas están deseosas de recibir el susodicho latigazo “del amor”. Ahora esta fiesta es mejor ir a presenciarla en las profundidades del país checo, especialmente en Moravia o en Bohemia del sur, pues la gente se viste con trajes folklóricos y como es costumbre en el país, toda fiesta pública es un buen motivo para recordar las tradiciones y los tiempos pasados.

Otro símbolo típico de las fiestas de la primavera es el cordero. Y aquí también encontramos una práctica llena de simbolismos y sincretismos que confunden la tradición tanto cristiana como la pagana.

Desde tiempos inmemoriales se dice que el cordero era sacrificado en estas fechas. La razón radica que, en estas fechas, daban a luz las ovejas las crías, y como en todo rebaño, lo mejor es tener solamente un macho, por lo mismo, se justificaba el sacrificio de algunos de los ejemplares.

Ahora, este cordero sacrificado, ocupa también el símbolo del martirio del Cristo, su crucifixión, y su sacrificio para con la humanidad.

 

Cada año el animal, reemplaza y representa la figura del Mesías, que muriera el viernes Santo a las 3 de la tarde en el monte calvario de Jerusalén, en la región de la Palestina.

Ahora en la República Checa, el cordero, actualmente es reemplazado y representado por un tierno pan dulce con forma de este animal. En castellano le llamaríamos el cordero pascual,

Originalmente en estas fechas se sacrificaba un animal verdadero, como decíamos, pues era el plato de fondo de un bien dotado banquete. Ahora, en épocas de pobreza y carencia, especialmente durante guerras, la gente no podía darse el lujo de consumir banquetes de esta clase, ni podía someterse a ninguna clase de despilfarros, por lo mismo, fue necesario reemplazar al cordero en este caso por un pan. Dicen que esta práctica se popularizó, especialmente durante la guerra de los 30 años (1618-1648), que tan fuertemente golpeó al país checo. Pero al menos, esta oscura época, nos dejó este ejemplo de la simpática cultura culinaria de los bohemios, que ya se ha vuelto una tradición y parte de su interesante patrimonio cultural.

Otro vínculo que podemos establecer entre el advenimiento de la primavera y la religión cristiana lo encontramos en el mismo símbolo de la muerte y resurrección de Cristo. Por una parte, la muerte, se vincula con el fin del invierno, y la resurrección, es el símbolo que atestigua el triunfo de la vida, es decir, del renacer de la primavera. Los antiguos en efecto celebraban una fiesta de profunda raigambre pagana que denominaban “expulsión de la muerte”.

La muerte se representaba como una muñeca grande, que representa al mismo tiempo el longevo invierno, que es invitado a retirarse, ¿cómo? Echándole al río, en algunas regiones del país todavía se practican estas ceremonias, y existen iniciativas para recuperarlas y no olvidarlas, pues forman parte del patrimonio histórico cultural de los checos que tanto valor guarda.

 

Y en fin, hay muchas cosas y detalles que se nos van en esta breve exposición, que nada más buscaba transmitirle el sentido que tiene La Semana Santa y el advenimiento de la Primavera para los praguenses y los checos, y espero que la hayan disfrutado….

 

 

 

 

Andrés Vidal Domínguez, Praga, Vrsovice, abril, 2017.

 

 

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