Acerca del nacionalismo y el crepúsculo de Austria (1805-1938)

Por Andrés Vidal Domínguez.

(Europa central a fines del siglo XVIII)

La historia de Austria y la de los países checos, está íntimamente relacionada, no en vano tanto Bohemia como Moravia, fueron patrimonio territorial durante 400 años de los Habsburgo cuya corte y capital estaba Viena.[1] Su vínculo sólo se rompió en 1918, cuando Checoslovaquia cuando alcanza su tan anhelada independencia.

Ninguna de estas transformaciones, ningunos de los países nacido antes y después de la primera guerra mundial, hubiese existido sin la ideología del nacionalismo que los pensó primero. Fue en efecto, ese y no otro, el tumor terminal que padeció y acabó con la vida del otrora vasto Imperio patrimonial de los Habsburgo. Repasemos brevemente esta historia.

I

A finales del siglo XVIII, florece en el corazón del Viejo Mundo, un movimiento estético y espiritual que encontraba en las más antiguas tradiciones folklóricas y nacionales el más digno objeto de inspiración. Hoy a este movimiento intelectual le denominamos Romanticismo.

Nace en el seno de una Alemania que aún no existía, su primera expresión fue en la poesía. Himnos, versos y cantos con nostalgia y emoción, clamaron por el regreso del olvidado paganismo de los tiempos arcaicos y heroicos de la barbarie, allí estarían los gérmenes identitarios más profundos y genuinos de la nación teutona, anteriores aún al advenimiento del cristianismo que, por el contrario, a la larga sería el responsable de la división, decadencia y extrañamiento de los pueblos germánicos.

El Romanticismo es considerado, ante todo, un estilo nostálgico, también porque surge como una oposición y crítica al racionalismo, al crecimiento urbano e industrial que ya transformaba radicalmente las relaciones humanas con el ambiente y el entorno, he aquí entonces esta añoranza por el pasado, el amor a la tierra, que más temprano que tarde despertará la conciencia de la existencia trascendental de un suelo patrio, el hogar y cuna del pueblo, sin embargo, usurpado por poderes externos…

(Federico Hölderling, 1770-1843, profundo poeta alemán, el regreso de los dioses es el objeto de sus más sublimes cantos)

II

Por aquel entonces el imperio de los Habsburgo con sede en Viena, era la entidad política y territorial más importante de Europa Central. De rasgo autoritario, conservador y católico este estado contenía en su seno millares de poblaciones de múltiples y diversos orígenes étnicos; austriacos, húngaros, alemanes, polacos, checos, eslovacos, serbios, judíos, italianos, etc. En los albores del siglo victoriano, las guerras napoleónicas pusieron término a la vetusta, rancia y compleja organización denominada aún como el Sacro Imperio Romano Germánico, y amenazó al mismo tiempo con acabar para siempre con las monarquías de Prusia y Austria. Pero las posteriores incursiones en Rusia trajeron la catástrofe y caída definitiva de los ejércitos de Bonaparte, y de paso la salvación, aunque pasajera del antiguo régimen en el mediodía europeo.

Y así, tanto los hechos como las ideas irán creando las bases de un nuevo orden político y social, cuya naturaleza separatista, reivindicaba el derecho de todo pueblo a reclamar y luchar por su autonomía y territorio, y en él instaurar una república soberana. Este movimiento se encarnó en los hechos, con el éxito de las revoluciones independentistas de América del Sur, que expulsaron de allí después de cinco siglos al vetusto imperio Español y Portugués.

En Europa central las facciones nacionalistas tardarían algunas décadas más en alcanzar su objetivo. La principal víctima en el Viejo Mundo de estos incipientes movimientos intrínsecamente separatistas será el Estado de los Habsburgo.

La unificación italiana y alemana (en la segunda mitad del siglo XIX), era solo el preludio del fin de los Austrias y sus vastas posesiones. El nacimiento de Alemania, bajo la égida de Prusia, su consolidación en el plano militar y político consiguió relegar a la católica Viena a un rol secundario, del cual no saldría nunca más, pero al mismo tiempo fue la prueba de un viejo deseo de millones que querían crear un moderno estado germánico poderoso, lejos del influjo decadente de la Iglesia apostólica romana.

(La unificación alemana encabezada desde Prusia, se consolida tras anexar las regiones de Baviera y Sajonia, y posteriormente Alsacia y Lorena)

Pero el cáncer del nacionalismo, no se acabaría con el nacimiento ni de Alemania ni de Italia, era sólo el comienzo, existían viviendo en medio de las posesiones de los Habsburgo, muchos pueblos que abogaban todavía por su independencia. Las demandas de estos, empero, serían las que desencadenarían la Gran Guerra en 1914. En efecto, un menor de edad miembro del movimiento subversivo la Mano Negra, conformado por nacionalistas serbios y bosnios, acabaría con la vida del heredero al trono austriaco, Francisco Fernando, en Sarajevo.

(Gavrilo Princip, ejecutor del magnicidio, murió en la prisión de la pequeña Fortaleza de Terezín en la actual República Checa afectado por una tuberculosis en 1918)

La joven y soberbia Alemania de los Hohenzollern, como principal potencia militar de la región se une a los Austrias y a los o turcos otomanos, que también sufrían las rebeliones separatistas de rebeldes griegos, rumanos, eslavos etc. Combaten duramente durante cuatro años, pero estas potencias serán derrotadas en noviembre de 1918. Nuevo y brutal golpe otra vez contra los Habsburgo, que serán obligados a abdicar, Austria se desmembraría aún más, nacen nuevos países y repúblicas, Checoslovaquia, Yugoslavia, Hungría, Polonia. La vieja y católica Austria se ve reducida al mínimo, pero lo peor estaba aún por venir.

(Tropas alemanas circulando por las calles de Viena, marzo, 1938, evento conocido como Anschluss)

III

Tras la llegada de Adolf Hitler a la cancillería alemana en 1933, Austria tenía sus días contados. La necesidad de anexar y garantizar el espacio vital del llamado Tercer Reich, siempre fue un objetivo fundamental para el líder del nacionalsocialismo, cuyo sueño era crear una Gran Alemania pangermánica, orgullosa, poderosa, y unificada bajo su única conducción. Viendo la debilidad del gobierno de su país natal, Austria, azotado por la crisis económica, en la que el autoritarismo predominaba, no fue difícil para que el partido Nazi creciera en las preferencias, aunque su estilo nunca fue el juego de la democracia, al contrario, desde siempre su acción política principal consistió en cometer sistemáticamente sabotajes, asesinatos, secuestros y chantajes políticos de toda clase con el fin de intimidar con mentiras y montajes a la opinión pública y justificar la destrucción de toda institucionalidad establecida.

La creciente inestabilidad política amenazaba en Austria con desatar una guerra civil en Marzo de 1938, clima que posibilitó que las desesperadas autoridades del gobierno aceptarán de mala cara un nuevo gabinete encabezados por nazis, que a las pocos días, y luego de un fraudulento plebiscito popular, organizado, desde luego por el terror que ejercían los servicios de información del régimen nacionalsocialista alemán, decidirá la desaparición definitiva de Austria del mapa en pos de su anexión al Tercer Reich. El destino de Austria fue también el de la joven Checoslovaquia, desintegrada también por Hitler y sus secuaces un año más tarde, marzo de 1939.

[1] el vínculo histórico entre las provincias austriacas y bohemas, por supuesto que se remonta mucho más atrás, a modo de ejemplo, en el contexto del Sacro Imperio Romano Germánico, en la segunda mitad del siglo XIII, el Rey presmiltsa Otakar II, tuvo crueles guerras contra Rodolfo I de Habsburgo, por la corona de Emperador.

 

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