por Andrés Vidal Domínguez

I

Muchos movimientos republicanos y nacionalistas de los diferentes pueblos de Europa Central consiguieron gracias a la Gran Guerra de 1914, su objetivo principal, a saber; un estado moderno, libre y soberano. Nace por ejemplo, Yugoeslavia, el polvorín que desató el conflicto mundial, Polonia, por ejemplo, volvía a la existencia tras siglos de inestabilidad, así también bohemios, moravos y eslovacos, después de 400 años consiguieron su tan anhelada autonomía con la creación de Checoeslovaquia.

(T. G. Masarik, primer presidente de Checoeslovaquia)

Pero aún existían en el corazón del Viejo Mundo, pueblos que apenas pensaban siquiera la posibilidad de obtener algo así como un país. Es el caso de los gitanos y judíos, que no poseían territorio propio ni definido.
Se puede afirmar que la nación judía es tan europea como cualquiera otra del continente, pues lleva más de mil años viviendo en éste, aunque disgregados, y repartidos en diferentes regiones. Ahora, sus orígenes, el de los hebreos, su memoria histórica y cultural están más atrás, en la cultura semita mesopotámica. Pero pese su larga presencia en Europa los hebreos jamás obtuvieron una soberanía territorial (o un país) en este continente ¿Por qué?

II

Europa, tras la caída del imperio romano – a causa del colapso y desprestigio de sus estructuras políticas y de todos los valores que las sustentaban – ha de entregarse al fenómeno social y espiritual que ofrecía la pujante Religión Cristiana, que trajo consigo una nueva y determinada concepción del mundo, de la justicia, del poder y del destino. Todos los nuevos estados, en Europa, que quisieran perpetuarse y ser reconocidos como tal, debían someterse y proteger la autoridad de la Iglesia y arrodillarse ante ella, y la gran misión encomendada era expandir y defender el proyecto civilizatorio de la Fe por todo el orbe.
La creación de una serie de señoríos y reinos cristianos, con la posesión de establecidas soberanías territoriales, será la base histórica que justificará la creación posterior de importantes naciones modernas en el occidente, como es el caso de Francia, España, Inglaterra, entre otras. Sin embargo, los judíos al no seguir los dogmas de la Iglesia resignaron la posibilidad de obtener un reino, al menos en Europa, y con ello apoderarse con propiedad de un determinado territorio. Organizaciones políticas como el Sacro Imperio Germánico jamás lo hubiesen tolerado, el espíritu de cruzada hubiese hecho hasta lo imposible por destruirlo como lo hizo con los regímenes paganos y musulmanes, con excepción de los otomanos.
Los judíos, quizás por su carácter itinerante – más que un país – escogieron mantener y cuidar su propia identidad, sus viejas tradiciones y prácticas, y fueron por lo mismo objeto de toda clase de discriminaciones y persecuciones por las mayorías cristianas. Innumerables veces fueron expulsados de sus casas y ciudades, trasladados forzosamente de un lado u otro, así pagaron el costo de vivir siempre en dominios ajenos.

(el viejo cementerio del guetto judío de Praga, entre el siglo XV y XVIII fueron enterradas más de 100 mil personas.)

En las primeras décadas del siglo XX, más de diez millones de judíos vivían repartidos entre los diferentes estados europeos. Muchos de ellos eran naciones y repúblicas muy jóvenes (incluida la misma Alemania) y por lo mismo inmaduras y temerosas – como diría Nietzsche – de verse invadidas por poblaciones extranjeras que amenazaran de alguna manera alterar la integridad cultural y racial de estos pueblos. Cualquier expulsión masiva de hebreos desde alguna nación causaba protestas y reclamos de los estados vecinos, pues se veían presionados a recibirles en masa. He aquí entonces, el problema de fondo que genera la “cuestión judía”.

IV

Después de la primera guerra mundial el mundo entero conocerá el advenimiento de los regímenes fascistas. En primer lugar nació como una enérgica respuesta contra el marxismo, que proponía un nuevo concepto de identidad colectiva, una nueva noción de pueblo, aun de hombre, que se reconocía como tal en la pertenencia a una determinada clase social, no a un país o a una nacionalidad. Para los marxistas, la nación, era un valor transmitido y defendido por los burgueses, que se sirvieron de su fuerza para acabar con el antiguo régimen, pero en el presente les sirve para perpetuar el sometimiento de la clase trabajadora. El carácter revolucionario esta ideología consistía justamente en desentenderse de estos decadentes y atávicos conceptos tan arraigados desde el romanticismo que más bien confundían y alienaban al proletariado.
En pos de la defensa de la Patria y la Nación, el fascismo, desde sus primeros días, exigía combatir sin cuartel la amenaza roja –triunfante en la Rusia bolchevique -, y si para esto era necesario abolir toda institucionalidad democrática, bienvenido sea.

(Benito Musolini, líder fascista, gobernó Italia en calidad de dictador desde 1922, murió linchado por partisanos comunistas en 1945)

Pero el desarrollo de las ideas fascistas alcanzaría, su aspecto más siniestro y criminal, en el pensamiento de Adolf Hitler, mentor y fundador del nacionalsocialismo alemán. No solamente la nación tenía el deber de defenderse firmemente contra los comunistas, sino que también tenía la misión de abogar por la defensa de la pureza e integridad de la raza. El líder del partido Nazi, consideraba que la crisis e inestabilidad de los estados germánicos, radicaba en que estaban poblados también por etnias y pueblos extraños que habían mitigado el vigor y poder creativo de los alemanes. La necesidad de alcanzar y luchar por un espacio vital puro, fue uno de las ideas que arraigaron en el joven austriaco desde sus primeros días, y que marcarían su tendencia decidida hacia la xenofobia.
El antisemitismo es parte esencial de su programa político. Lo hizo evidente en 1935, al votar por unanimidad las leyes de Núremberg, cuyo fin era restringir casi todos los derechos ciudadanos de las minorías judías del Reich, en adelante no podrían estudiar o enseñar en las universidades alemanas, tampoco se les permitió asistir a cines, cafés, teatros, o distenderse en parques o paseos de recreo público. Fueron excluidos de la sociedad. Al comienzo estas medidas buscaron provocar el éxodo voluntario de los afectados, y en efecto, miles de judíos decidirán la migración. Esta fue la primera medida nazi que buscó solucionar el problema de la cuestión judía en Europa Central.
La ambición bélica y expansionista de la Alemania Nazi, la llevaría a invadir muchos países en el viejo continente (Austria, Checoeslovaquia, Polonia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Yugoeslavia, entre otros), en los que vivían hasta entonces millares de judíos. Se aplicaron por supuesto, las leyes antisemitas prácticamente en todos los territorios ocupados. El llamado Nuevo Orden nacionalsocialista, era observado estrictamente por las SS, organismo policiaco y político, y en ellos recaía la responsabilidad de ejecutar los mandatos del Führer.
El régimen nazi, considerando insuficientes las leyes dictaminadas, elaboró diversos proyectos para sacar a las minorías judías de Europa, se estudió la posibilidad de desplazarlos a Madagascar o a Palestina, contando a veces, incluso, con la colaboración de algunas corrientes seculares del judaísmo, como el sionismo. El estallido de la guerra haría fracasar todas estas tentativas.
La imposibilidad de ocupar a corto plazo la Unión Soviética, y las primeras derrotas militares en el este, llevarán al régimen nazi a cambiar de estrategia en torno al trato de las minorías indeseadas. Para Hitler la presencia de razas inferiores en el Reich era intolerable, lo que no solamente afectaba a judíos sino a otros pueblos y naciones. En el Protectorado de Bohemia y Moravia, por ejemplo, solo tres millones de su población, estaban en óptimas condiciones raciales para ser germanizados, otros cuatro millones de checos debían ser expulsados o, de alguna manera, eliminados, pero su destino se decidiría después del gran triunfo, pero para la cuestión judía era menester una Solución Final cuantos antes.

(Adolf Eichmann, jefe de la Oficina Central para la Emigración Judía, Zentralstelle für jüdische Auswanderung)

Fue así entonces que comenzaron las sistemáticas deportaciones de cientos de miles de personas y familias hebreas. En la Checoeslovaquia ocupada se habilitó la antigua fortaleza barroca de Terezín como guetto judío a partir de noviembre de 1941. Al correr pocos meses muchos judíos serían sacados de allí, para nuevamente ser embarcados en trenes pero ahora rumbo al este, a los campos de exterminio. No es este el lugar para profundizar en los horrores y en los detalles del Holocausto, solamente quisimos aquí situar con claridad la situación histórica, ideológica, social y política que posibilitó algo tan macabro, tan fríamente premeditado, y estrictamente ejecutado, como la Solución Final.

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